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Reparación, Reparación, Reparación



Reparación, Reparación, Reparación

Todo cristiano debería ser un alma reparadora, Jesucristo pide constantemente la reparación a través de almas privilegiadas.

¿Qué es reparar? Reparar es consolar el Corazón de Cristo y compensarle por los ultrajes que recibe constantemente y encima pedir misericordia por la persona o personas que le ofenden. El amor de reparación es semejante al que nos tiene Jesucristo que fue el Gran Reparador.

El Padre Eterno ama inmensamente a las almas reparadoras en las que ve un calco de su Unigénito. Estas almas sólo piensan en consolar a Jesús y lo quieren por puro amor. Se puede decir que es el amor perfecto hacia Dios.

Reparar los pecados ajenos sí, pero reparar también los nuestros. No se trata de pagar sino de reparar. Los encarcelados pagan condena por sus malas obras, pero no reparan porque reparar es ante todo amar.

Cuando un alma ruega por un pecador con deseo ardiente de que se convierta, el Sagrado Corazón encuentra en esta súplica reparación por la ofensa recibida y la mayor parte de las veces esta alma obtiene lo que pide, aunque sea en el último momento (Diario de Sor Benigna Consolata).

Pío XI y su encíclica Miserentisimus Redemptor (1928) nos dice que es de JUSTICIA y de AMOR expiar las ofensas hechas a Dios y es deber de todos compensarle por dichas ofensas. El deber de expiación incumbe a todo el Género Humano.

Pero si grande es buscar reparaciones propias, son más grandes aceptar las que Dios nos envía y sobre todo las que Dios nos inspira.

La Santa Misa es la mejor reparación que podemos ofrecer a Jesucristo y al Padre Eterno, siempre y cuando se asista con fervor.




Última modificación el viernes, 26 de febrero de 2010 a las 13:56:40 horas.



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