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Divinísima Sangre, que brotas por nosotros de las venas del Dios hecho hombre, desciende como rocío de redención sobre la Tierra contaminada y sobre las almas a las que el pecado hace semejantes a leprosos. He aquí que yo te acojo Sangre de mi Jesús, y te derramo sobre la Iglesia, sobre el mundo, sobre los pecadores, sobre el Purgatorio. Ayuda, alienta, limpia, enciende, penetra y fecunda, ¡oh divinísimo Jugo de Vida! Que la indiferencia y la culpa no pongan obstáculos a tu fluir. Sino al contrario por los pocos que te aman, por los innumerables que mueren sin Ti, acelera y difunde sobre todos esta divinísima lluvia, a fin de que a Ti se vaya confiados en la vida, por Ti se sea perdonados en la muerte, contigo se vaya a la Gloria de tu Reino. Así sea.
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